Hace un tiempo escuché la frase "Viajar es lo único que aunque gastes dinero, te vuelves más rico" y es sencillamente cierto.
Mientras conducía mi auto en una de las calles más atiborradas de mi ciudad, con mi calendario monótono, mi manera casi automática de conducir, otra hormiga más en el vaivén interminable de las autopistas y un calor al que ya casi había olvidado.
Escuché de pronto una voz desconocida que provenía de la radio local, la frase "Cuál ha sido el día más feliz de su vida" y por cambiar a la rutina y hacer algo nuevo, me puse a Pensar.
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Mi caminar era pesado, el cansancio ya era casi insoportable, llevaba meses sin consumir más de dos comidas al día, semanas sin usar más de dos mudas de ropa, que por cierto, una lavaba cada vez que me bañaba, no recordaba cuándo fue la última vez que había dormido solo, y me era casi imposible imaginar que en algún lado del mundo no tuvieran que salir a la calle con infinidad de chamarras. A pesar de eso nunca me había sentido más sano, fuerte, independiente y con los ojos abiertos.
Mientras me intentaba acoplar después de haber tenido una noche muy pesada en el aeropuerto me sentía feliz porque, por fin iba a usar ese español que ya tenía medio empolvado. Me puse a buscar una excusa hasta que decidí ir al puesto de periódicos más cercano y pregunté "Buen día, cuánto cuesta El País", sin ninguna expresión de aquel viejo me contestó "Un pavo, chaval".
Volteé la mirada hacia arriba un pensé Hala Madrid!!!
Un júbilo me llenó de alegría mi día, por fin conocía la ciudad que tanto había soñado y leído, mi frente alta y altanera le hacia frente a los edificios enormes que adornaban la Gran Vía. Me sentía en la proa del Titanic, pero sin Rose que me tapara la vista. A los diez minutos en la ciudad ya imitaba en mi mejor actuación el acento español. "Buen día tío, hace un frío que flipas", "Joder habeís visto eso? ese auto es la hostia", "suputamadre con ese chaval, no ha visto que estaba en rojo" yo gritaba y gritaba todas las frases que se me venían a la mente, la gente mi miraba con recelo notando mi torpe acento, pero que va! yo era feliz.
Si tanto admiro a España es por su cultura el Arte simplemente es genial, visité todos los museos, me bebí las cañas y comí las tapas que mi presupuesto me dejó comprar ( que por cierto fueron pocas), fue entonces cuando la vida te sonríe, de esas veces que nunca podrás olvidar, que embarnizan tu corazón e inmortalizará tu memoria.
Caminaba por la Gran Vía, cuando un sombrero gigante, salía de uno de los teatros principales señalaba que esa noche habría un espectáculo grandioso, y su artista sería nada menos que Sabina, el espectáculo se llamaba "Más de 100 mentiras", ese hombre con una inspiración jodidamente magnífica haría un show enfrente de mi hostal, sin dudarlo me dirigí a la taquilla y rápidamente dije me das un boleto para el Show, con una voz cansada y sin que le alterara mi emoción me dijo "De cuánto los quieres..." Giré a ver los precios 500,400, 300, 250 y 150 Euros. Un sentimiento de prepotencia llenó mi garganta tenía 30 euros para las próximas 3 noches, no supe que decir, en ese momento se derrumbó mi mundo y mi voz, como niño decepcionado, imploré ¿no hay más baratos...? Pude notar que vio mi angustia y un poco más amable me dijo, hay 5 asiento que cuestan 25 Euros pero son arriba del escenario, entonces no podrás ver nada.
Me puse a meditar lo más profundo que podía, pagar 25 euros, osea la comida de mis próximos días, por ir a escuchar un musical, que me encantaba pero que era lo mismo que escuchar un CD. Qué va, All in. Me volví a formar y dije me das uno de los 5. Obtuve mi boleto, me marché por toda Madrid haciendo tiempo en lo que empezaba mi musical, que por cierto ahora sí era MÍ Musical.Recuerdo perfectamente el tambor que retumbaba dentro de mi pecho toda esa tarde.
Llegué con 3 horas de anticipación, un poco estúpido si todos los asiento ya estaban designados, pero estaba enamorado, ese enamoramiento por la vida. Esas horas pensaba y pensaba, no puede ser posible, cómo unos asientos estarían arriba del escenario y no me dejarían ver, seguro han de estar unos metros más lejos y ya por eso no puedes ver.
Cuando la noche empezó a abrazarnos con sus dulces brazos, nos dejaron entrar. Ahí el sueño y el hambre ya me tenían agobiado, mientras tanto le repetía a mi organismo mira: "para que quieres soñar si ahora puedes vivirlo" y "para qué piensas en comida, no tienes dinero ni para un pan Bimbo, por más que me gruñas con la panza, no por eso apareceré comida".
Una señorita me acompañó hasta mi lugar, sólo veía como me alejaba y alejaba del escenario, hasta que me llevó, yo creo que al techo, donde literal había una pared enfrente de mí donde no veía ni al demás público. Sólo noté la mirada de mi estómago que me decía "no me jodas".
Otra vez la impotencia, pero ahora trajo a una amigo que era el arrepentimiento. La media hora en la que tardó en iniciar el musical fue la más larga de mi vida mientras veía en el folleto, "Sólo es un musical, Sabina ha escrito esta obra, donde jóvenes la representan". Pensé esto es imposible, ni siquiera saldrá él!!
Mientras ideaba un plan de cómo sobrevivir a esta tonta decisión, cómo pedir limosna, ir a mi embajada, comer grillos, yo que sé! ese día estaba acabado.
Se apagaron las luces, empezó la tercera llamada, un ruido ensordecedor. Mientras empezaba a disfrutar lo poco que tenía, sentí un jalón en mi brazo. Cuando llevas tiempo estando solo, Un tirón en tu brazo sí que te asusta, volteé rápidamente e instintivamente giré mis piernas para que esa persona pasara y se sentara a lado de mí, por lo menos, pensé, no fui al único que le tomaron el pelo.
Era la misma señorita que me había llevado a ese confín, fue entonces que me pronunció las palabras que nunca podré olvidar en mi vida:
"Por órdenes del señor Sabina, los que tomen estos asientos, son los que en verdad merecen estar aquí, si me hace favor de acompañarme, lo llevaré hasta el frente"
Gustosamente bajé por todos los escalones del gran teatro hasta que llegué al frente y me senté con una sonrisa que ni siquiera podía esconder.
Miré hipnotizado todo el asombroso espectáculo y cuando pensé que no podía salir mejor, del centro del escenario, salió él mismo Serrat (uno de los artistas a duéto con Sabina, que está más que a su alcance, nunca soñé imaginarlo allí) gritando "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida" y la gente simplemente no podía sacar tanto frenesí.
Salí del lugar, fui al primer McDonald que encontré, pedí un café, gastándome el poco dinero que me quedaba, saqué uno de los libros que llevaba, no recuerdo cuánto leí, o cuánto escribí o cuánto me dolía la garganta por los gritos, pero sí recuerdo algo, nunca había sido tan feliz.
Seguí mi viaje, me alimenté de puros paisajes y sorprendentemente no me volvió a dar hambre en ese viaje.
Desperté otra vez, en mi calurosa travesía, y como viajar entre galaxias, volví al ajetreo de mi actual realidad, y con el corazón saliendo de mi pecho, pude haber marcado a la radio, pero nunca lo entenderían, sólo podía decir...
¡Qué bella es la vida!!!