Mi Querida Princesa
Te escribo esto con el único objetivo de que conozcas a fondo el hombre que algún día fui, cuando tú no estuviste. Sé que suena un poco extraño, y tal vez increíble, pero un día fui sin ti.
Te lo escribo el día de hoy específicamente, por un Suceso, tan normal y apacible, que deduzco que la verdadera sorpresa fue por la necesidad que siempre tuve en alguna vez escucharla.
No hay mayor gozo que el exteriorizar las pasiones del corazón, sea la música, la pintura o la escritura. Por lo que el preguntarme sobre alguna de mis experiencias en los viajes que he hecho, es un tema que mis allegados, prefieren no tocar. Esta tarde, cuando un frío casi Dantesco azotaba el pobre Garage acomodado en alguna calle de algún lugar del centro de Estados Unidos, donde mis primos nos escondíamos, tiritando fuertemente pero con una risa implacable, que en este momento me es imposible definir si era gracias a las conversaciones vacías que tienes con tus seres amados, donde pareciese que tu alma ríe al descansar de la interminable guerra en la que una sonrisa falsa, o el trabajar desganadamente sin ningún verdadero objetivo, son las únicas armas, o el temblor inherente de tus Dientes a las bajas temperaturas, como si gritaran en antiguos dialectos voces guturales que apacigüen tempestades. Lo único seguro es que llevábamos ahí los segundos más largos posibles. Cuando nuestro noble corcel, a lo lejos, disfrazado de un automóvil un poco sucio por el polvo congelado a sus lados, ronroneaba jactándose de calor que emitía, llegaba, espantando los fuertes y inevitables zangoloteos de nuestras rodillas. Nos subimos, y con el frenesí del momento, imitábamos a nuestros antiguos antepasados, creando un fuego imaginario, donde nuestros guantes eran el pedernal que nunca habíamos conocido. Para llenar el incómodo silencio, y tal vez para sacar todo rastro de aire congelado de nuestros pulmones. Un primo tuvo la ocurrencia y deliberación de preguntar. ¿Alguna vez has estado en un lugar más frío?
Al mismo segundo se vio arrepentimiento en su mirada, al verme inmerso por algunos segundos, qué historia sería la más Ad Hoc para contar, como niño que como primeras palabras, decide lo más necesario para su existencia temporal. Tartamudeaba y alzaba las manos, como si me encontrara en un Senado griego, practicando en mi mente, cómo sonaría y representaría aquella historia. Para no perder la cautividad mi arrepentido público. Opté por la respuesta obvia, y expresé mi viaje a Oslo, Noruega, donde al entrar a una presentación fotográfica, después de atravesar un pequeño bosque, me senté en un pequeño banco, al notar que mis piernas chocaban con cualquier cosa, y que pese al último golpe que sacudió una mesa completa, no sentí nada. Descubrí que mis pantalones, como mis zapatos, estaban duramente congelados, y que no sentía mis piernas para nada, reflexioné que no sentía el frío que me acompañaba siempre, toqué mi blanca como leche pantorrilla, para darme la horrible sensación, que al estar fría como cualquier tronco, mi mente no podía razonar que era mi pierna, era la misma sensación que si tocara a un maniquí. Esperé las horas más negras y largas que haya tenido, después de muchos dolores, cafés, y un sentimiento perpetuo hasta el día de hoy, de adormecimiento en mi dedo pequeño, pude levantarme, y terminar de ver las fotografías...
Como cualquier persona que escucha una conversación que no quiere escuchar, y espera ansiosamente por un espacio lo suficientemente largo del locutor para interrumpirlo, y hacer una pregunta, con una respuesta que tenga que ser obligatoriamente clara y concisa. Me preguntó la única pregunta que odio profundamente que me hagan de mis historias. "Oye, y cuéntame, ¿qué? ¿Cómo están las Europeas? ¿O las asiáticas? ¿Con cuántas estuviste?"
Quien me conozca, sabe que es la única manera de poder calmar todas mis ganas de hablar. Siempre contestaré "Están bien", con el mayor tono de falsedad que mi respeto considere. Hay una infinidad de maravillas en el mundo, mil y una historias que contar. Y sólo interesa mis historias de cama. Es chistoso, porque siempre me he preguntado, si los animales pudieran hablar, estoy seguro que la única cuestión que hablarían dos sujetos al no verse en un periodo largo de tiempo, sería el Sexo.
Hombre, Mujer, amigos, desconocidos, familia, némesis. Es lo único que les puede llamar la atención de mis pláticas. Se reflejan en historias de mundos desconocidos, para alimentar ese deseo Hedonista que yace en cualquier animal. Y tener la esperanza, que su anhelo a la trascendencia y su justificación de su existencia Nihilista, se puede saciar en mundos y paisajes desconocidos. Que su prisión de su vida diaria, es una pequeñez en el mundo real.
Aunque les dijera la verdad no lo creerían, que en todos mis viajes, no busqué ni encontré orgullo pasional, que nunca gasté ni mi esfuerzo, ni ilusión en un placer vano. Nunca gasté el dinero en una cerveza a una desconocida que podía gastar en un ticket de tren a un lugar todavía más lejano.
Y aunque, para mi interior, siempre fue esto un orgullo, hoy fue una carga. Una carga el descubrir, hasta hoy, la soledad con la que me dirijo. Tuve la sensación de llegar a casa, con la caza, con la cena, el vino, mil historias que contar, el estómago vacío y el corazón repleto, y llamarle al Amor que nunca busqué. Cargar a la hija que nació sin corazón propio, y se quedó el mío. O el hijo que justifique toda mi existencia en la tierra.
A ti, querido Amor, que te he querido desde que aprendí a querer, a ti, que te vi reflejada en cada historia de amor que siempre escuché, a ti que abracé cuando mi amada madre falleció. A ti Princesa, que, ahora que todavía no conozco tu cara, pero veo en cada Ángel en cada capilla. A ti Dulcinea, que tanto espero darte, empezando por mi Vida, e ilusión. A la que entregaré el mundo, y haré que se arrodille si te causa dolor. A ti, que me harás el hombre más rico y poderoso del mundo, ya que me darás la riqueza de tu corazón y el poder que el amor me hará responderte.
En donde estés, por favor no tardes mucho, que como sabes, he pasado toda la vida anhelándote sin buscarte. Pero te necesito, necesito mi otra mitad, mi representación de Dios en este mundo. A la mamá de los hijos más hermosos del mundo. Y a veces, como el día de hoy, me duele mucho todavía no haberte tomado.
Te espero Princesa de mi Reino sin Fronteras, estés al otro lado del mundo, o en mi próxima esquina, déjame besarte, y déjame acariciarte, que mi armadura está demasiado gastada.
Que tú sabes, que si alguien me pregunta por historias de amor, en mi vida sólo cabe una, y lo sorprendente es que ni siquiera la Conozco.
