Cualquiera piensa que ir a una ciudad de Europa es sinónimo de seguridad y belleza, "como está lejos, allá no hay problemas", en eso como en todo, creemos que los lugares que no hemos conocido son mejores de donde vivimos, es esa parte de nuestro ser que creé en un futuro mejor, esa esperanza.
Era tarde, después de ocho horas de viajes y transbordos de tren por fin llegamos a una de las ciudades más bellas del mundo, Praga, tan corto el nombre pero tan grande su concepto. En una estación de tren más que vieja, y aunque en los carteles se intentará demostrar todo lo contrario todavía había un tinte de socialismo.
Desde que llegas a una ciudad no tan segura, tu sexto sentido se alumbra, aunque nadie te diga, la inseguridad del lugar te crea inseguridad. Instintivamente me apreté la gran mochila que traía en la espalda, pensando que si se la llevan, me voy con ella. Salí de aquella enorme y excomunista estación, al principio las casas de cambio invadían por todos lados, pero no importaba, hacía un día hermoso, con relativo calor y un sol que muy rara vez se ve por el viejo continente.
Era una ciudad rara y al decir rara digo bella y digo bella porque es rara. No se sabía que estabas en Europa, era una ciudad en demasía de locales, era algo increíble la cantidad de razas de personas. Pareciese que la mescolanza era la verdadera raza de los Checos. Hablaban todos los idiomas, o parecía que sí, por venderte cualquier cosa te podía recitar cualquier idioma hasta que por inercia voltearas a uno, haciendo que el vendedor aprovechara ese desliz y seguía la conversación en ese idioma.
Armstrong pudo haber ido a la luna pero yo fui a la Praga, ciudad de Beethoven, Kafka, Mozart, hasta de Hitler. Un lugar en donde tu vista puede abarcar al castillo más bello con la casa de apuestas callejeras más peligrosas, una ciudad donde puedes ver a una mujer hermosa y a un carterista acérrimo. Donde puedo asegurar que puede haber más tiendas que las mismas casas de los habitantes.
Al principio no me gustaba nada cómo estaba tan saturado de comercios, personas que te vendían bolsas de marca "semejantes" y de gente un tanto sospechosa, hasta que una tarde fui a comprar unos boletos para la filarmónica de Praga, por más suerte que nada me encontré a una atenta muchacha la cual vendía los boletos, que mediante iba pasando el tiempo me empezó a contar sobre la verdadera historia de Praga, eso que no se ve, pero no por eso no deja de ser su esencia.
Praga fue si no la peor una de las ciudades que más sufrieron la garra del oso socialista, la opresión era el pan nuestro de cada día, no gozaban de ninguna libertad, se llevaron lo peor de las guerras, los campos de concentración de Hitler y la pobreza de los Rusos. Tanques de guerra eran otro auto más que rondaba por la ciudad, gritaban sin la esperanza de ser escuchados, uno de los lugares con el socialismo más puro.
Donde cualquier respuesta a alguna queja social era respondida con tu desaparecimiento. Fue la ciudad que sólo con una revolución de Terciopelo y después de cientos de años de lucha salió libre.
Después de una plática con demasiado fervor por parte de esa chica, me demostró que lo que para mí era sólo "contaminación visual" para ellos era una muestra de libertad, las tiendas dentro de las casas era jacte de que esa era su propiedad, hasta hace 20 años nadie podía pisar su propiedad, la gente en las calles sólo buscaban dinero pero no como cualquier otro mendigo en el mundo, éste te intentaba vender algo para que vieras que él podía poseer aunque sea unos pocos productos.
Un orgullo tan nuevo, de conocer a extranjeros de todo el mundo, poder poner tiendas de divisas por todos lados, tener bancos, hasta tener la libertad de poder cantar en alguna calle. Alguna vez escuché "todo es verdad, todo es mentira. Todo depende con el cristal con que se mira". Ellos no demostraban su capitalismo, sólo mostraban que obtuvieron una victoria, que su pelea dio resultado, y que de una manera u otra, eran libres.
Para acabar, pondré una canción totalmente Praguense:
Dios creó, Dios creó una rama
para que yo pudiera tejer coronas de flores.
Gracias, muchas gracias por el dolor,
lo que me enseñó a investigar.
Gracias, muchas gracias por el fracaso,
que me enseñó la diligencia
por lo que pude, para que yo pudiera traer un regalo,
aunque ninguna fuerza podría permanecer,
gracias, gracias, gracias.
Gracias, gracias por mi debilidad,
lo que me enseña la humildad.
La humildad, la humildad de alegría,
la humildad sin opresión.
Para llorar, gracias por las lágrimas,
me van a enseñar a la emoción.
Para los vivos que, por los vivos que hablan
y llorar por simpatía.
para que yo pudiera tejer coronas de flores.
Gracias, muchas gracias por el dolor,
lo que me enseñó a investigar.
Gracias, muchas gracias por el fracaso,
que me enseñó la diligencia
por lo que pude, para que yo pudiera traer un regalo,
aunque ninguna fuerza podría permanecer,
gracias, gracias, gracias.
Gracias, gracias por mi debilidad,
lo que me enseña la humildad.
La humildad, la humildad de alegría,
la humildad sin opresión.
Para llorar, gracias por las lágrimas,
me van a enseñar a la emoción.
Para los vivos que, por los vivos que hablan
y llorar por simpatía.
este fue el primero de muchos otros, gran ciudad, gran viaje, y sobretodo, gran COMPAÑÍA!
ResponderEliminarSí, no pude pedir una mejor. Gracias por todo!
Eliminaryei esta muy buena esta reseña sobre uno de tus viajes muy bueno te felicito sigue así atte luque
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