Caminante no hay camino, se hace camino al andar, un día girarás la mirada, y el pasado sólo será una estela en el mar. Una vez, con menos o más palabras, me transmitió ese aprendizaje un tal Maestro Serrat.
Hoy, 20 de Octubre, con 20 años, y con más de 20 historias... Vuelvo a ver un viejo amigo, un amigo que ha estado ya, en varios desamores, dos o tres conquistas, ese amigo que me acompañó en más de una decena de Países, ese amigo que me aconsejó con los peores consejos, ese que me ofreció un Tequila por cada duda.
Esta vez, la cita no fue tan formal, no hubo tal golpe de suerte como cuando lo vi en Madrid, o la nostalgía que tenía cuando lo escuchaba a la orilla del Rhin en Alemania, no besaba una Musa en Praga, o me cobijaba en la belleza de los Andes.
Dicen que no existe la fealdad, sólo las Bellezas rara, entonces puedo declarar que la Ciudad de México es la mayor belleza rara que he conocido. Entre un mar de carros, gente molesta y con prisa, una afinidad por tocar el Claxón, donde existen centros de pensamiento, donde se quiebran la cabeza, pensando cómo joderte. Una ciudad donde el promedio es de 6 personas por metro cuadrado, una tal que ni siquiera se preocupan por pintar de algún color sus casas, donde los paisajes literalmente son fabelas en color Sepia.
Pero bueno, eso sólo refleja mi incapacidad para apreciar los detalles. El meollo es, que por azares del destino me tocó encontrarme allí con ese viejo amigo.
Era un viaje más real, no iba en el metro de Londres, no caminaba en la Gran Vía de Madrid, el evento no sería en la Ópera de Oslo, no filosofaría en Parlamento Alemán, ni tomaría un Café en la Plaza de San Marcos Venecia, ni imaginaría la historia viendo el Coliseo.
Era un viaje, donde la prevención es poco, donde si entras con un reloj, sales sin muñeca, donde "me da la hora" significa "la cartera y su teléfono, por favor", pero bueno iba con otras personas que también se encontrarían con mi amigo.
En un enorme Auditorio Nacional, me vi sentado, lejos de Sabina, pero cerca del Cielo, degusté, saboreé, y hasta abracé a cada una de sus canciones.
Salí extasiado, comprando infinidad de recuerdos, de dudoso origen.
Regresé por el mismo camino por el que había entrando a esa Ocre Urbe. La diferencia es que ahora iba en mi Nirvana, fue cuando descubrí, que esa Ciudad, era la representación más Fiel de mi Persona.
Cuando me pavoneaba caminando por los campos Elíseos, sólo me robaba triunfos de otras sociedades, más maduras, más sabias y más organizadas.
La Ciudad de México, como México per sé, está hecha por Mexicanos, exactamente como yo.
Cuando aprendamos, que nosotros somos partes del entorno, sólo así avanzaremos, y que si en algo estamos retrasados como sociedad es en hacer mejores Preservativos, o menos idólatras.
Si vamos a crecer crezcamos por dentro, e indudablemente mejoraremos nuestro entorno,
Cambio y Fuera, que si no, este autobús, me mareará...

No hay comentarios:
Publicar un comentario