Estas palabras no están basadas en Freud, Marx, o ningún
pensador de este calibre. Tampoco hablaré de algún problema social, del que a
parecer mío, ya le tenga resolución, o que he hallado el hilo negro que a la
civilización le faltaba para progresar. Tampoco quiero jactarme si soy un sabio
o si soy un ignorante, no vengo a señalar que he leído infinidad de libros o ni
siquiera uno.
Vengo a hablar de para mí, en donde vivo,
donde crecí y donde pienso pasar el resto de mi vida, sí, sé que suena triste,
pero debo mantenerme lo más realista posible. No quiero ser pesimista, tampoco
seré optimista. Solamente criticaré qué he o hemos hecho.
De manera vaga este es mi forma de vida
temporal: por la mañana trabajo, por la tarde voy a la escuela, la noche la
dedico para hacer tareas y si me queda un espacio en alguna parte es para hacer
un poco de ejercicio. Estas son las cosas de las que estaba muy orgulloso y
recalco, estaba.
Pero en estos días estaba “pensando”; algo
que desde hace mucho no hacía. Claro que no en cosas vanas como un examen, una
solución etc. Algo que en verdad valía la pena. Me paré un momento mientras
caminaba, volteé a todos lados, para buscar en dónde me encontraba. Y observé
algo que me decepcionó mucho. ¡No había nada! Bueno tal vez un poco de
construcciones, unos le llaman edificios y así, pero en realidad no había nada.
Era como si a un bello paisaje le hubieran
puesto una alfombra, una horrible, hecha por unos “homosapiens”, bueno que se
autonombran así. Que tienen una habilidad sorprendente, destruir todo.
Este tipo de animal que tiene una habilidad
de transformar todo en basura, en desecho, de cómo transformar un bello paisaje
a un lúgubre y horrible lugar, un homosapiens que puede saciar cualquier
necesidad que él mismo se ha creado, al mismo tiempo que crea otra, que puede
clasificar el degrado de su vida catalogándole en “calidad humana”. Capaz de
convertir cualquier valor y ética, en una debilidad que hay que superar. Creer
al degradar una sociedad completa se está creando desarrollo.
Hemos dejado el instinto sobre nuestro raciocinio,
como catalogaría Desmond Morris, con su genial obra del Mono Desnudo, no
estamos volviendo a dejar el bello, se languidece la línea entre el humano con
cualquier animal, volvemos a ser salvajes pero con una jaula más bonita.
Pero con una condición, una nueva jaula
implica nuevas reglas, un degrado intelectual no señala una anarquía, lo
contrario acarrea una dependencia, una necesidad de seguir órdenes,
específicamente ser gobernados.
Claro está, no declaro un degrado intelectual
general, sólo de la mayoría, unos buenos gobernados necesitan buenos
gobernadores. Es muy claro cuando el poder y el dinero están mal distribuidos,
pero lo que no se ve explícitamente, es que cuando un puñado tiene el dinero y
el poder, intrínsecamente tienen algo con mayor valía, tienen razón.
Mientras leo, leía y leeré las líneas del autor de este blog...(vaya conjugación del verbo leer, que mucha falta hace y mas necesidad de ser leídos aquellos que escriben), sin embargo, me preocupa no volver a leerte... Para comprender la perspectiva que tienes sobre los diversos temas que vas a escribir, necesitamos conocer introspectivamente al escritor de esta manera comprenderemos su visión y así entender su misión.
ResponderEliminarPor favor, necesitamos mas "...puñados..." de tus líneas escritas con "...libertad..." de Razosimio, adelante pues que se vacié la tinta.